La Bufanda Verde Que Me Enseñó Que Cuidar También Significa Soltar

Porque era verdad.

Yo hacía eso.

Ella me la ponía antes de salir.

Me apretaba el nudo hasta casi ahogarme.

Y cuando llegaba a la esquina, lejos de su ventana, me la quitaba y la metía en la mochila.

Me parecía cosa de pequeños.

Me daba vergüenza.

Nunca pensé que ella lo supiera.

Mi madre sonrió apenas.

“Yo lo veía desde la cocina.”

No pude hablar.

Me senté a su lado en uno de los sillones.

Ella se sentó también, despacio, todavía con el bolso en el regazo.

Le puse la bufanda sobre las piernas.

Después abrí la bolsa del bizcocho.

El olor llenó un poquito aquel rincón de la sala.

Mi madre cerró los ojos.

“Tu padre lo mojaba en café”, dijo.

Mi padre, desde la ventana, levantó la cabeza.

“Todavía puedo”, respondió.

Fue una frase corta.

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