Todavía lo miro muchas mañanas.
Y siempre pienso lo mismo.
La familia no es el lugar donde nadie te hiere.
La familia es el lugar donde alguien ve tu herida, se sienta a tu lado y te recuerda que, incluso ahí, todavía puede crecer algo hermoso.
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. Yo pensé que aquella flor dibujada sobre la silla vacía había cerrado algo dentro de Lucas.
Pero a la mañana siguiente, cuando entré en la cocina, encontré otro dibujo sobre la mesa.
Y esta vez no había casa.
No había tejado rojo.
No había puerta grande.
Solo una silla.
Una silla pequeña, en medio de una hoja blanca.
Encima había una flor amarilla, como la que doña Amalia había dibujado el día anterior.
Pero al lado, con letra torpe de niño, Lucas había escrito: