Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

El hombre del tacón marcado se apartó del mostrador.

—Nos hiciste perder dos días siguiendo a un hombre que no nos debe nada.

Eusebio empezó a hablar deprisa, ofreciendo mercancía, plazos y el terreno pedregoso que horas antes juraba que valía una fortuna.

Los prestamistas ya no escuchaban con la misma paciencia.

Baltasar tocó suavemente el codo de Jacinta.

—Podemos irnos.

Ella miró alrededor de la tienda.

Había pasado buena parte de su vida limpiando aquel piso, cargando esos costales y atendiendo ese mostrador mientras otros hablaban sobre su tamaño como si su cuerpo hubiera sido una deuda más.

Durante años había imaginado que marcharse sería el momento en que alguien finalmente reconociera todo lo que ella había hecho.

Pero nadie lo hizo.

Y descubrió que ya no lo necesitaba.

—Sí —dijo.

Antes de salir, Elisa la llamó.

—Jacinta.

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