Conocía a mis vecinos.
Y nunca había tenido un problema importante.
Pero aquella madrugada comprendí que la confianza en un lugar no significa que debamos ignorar las precauciones.
El ruido que me despertó
Todo comenzó unos minutos antes de las tres.
Estaba profundamente dormida cuando escuché un sonido metálico.
Parecía provenir del jardín.
Abrí los ojos.
Esperé unos segundos.
Después escuché otro ruido.
Esta vez fue más claro.
Como si alguien hubiera movido una maceta.
Pensé que podía ser un gato.
En mi barrio había varios que solían entrar en los patios.
Me levanté lentamente y caminé hasta la ventana.
La luz del poste de la calle iluminaba parte del jardín.
Podía ver el limonero.
Las macetas.
El pequeño camino de piedras que conducía a la puerta principal.
Y entonces la vi.
Una niña estaba parada junto al cantero de flores.