Así que señalé la silla.
—Siéntate.
Daniela me miró sorprendida.
—¿De verdad?
—Claro.
—No tienes que hacerlo por educación.
—No lo hago por educación. Tienes una bebé. Surgió un problema. Eso pasa.
Por primera vez desde que había entrado, sonrió.
Se sentó frente a mí.
—Ella es Sofía.
La niña llevaba un pequeño vestido azul claro y tenía siete meses.
—Hola, Sofía.
La bebé me observó con expresión seria.
Daniela soltó una pequeña risa.
—Está analizándote.
—Espero aprobar.
Aquello rompió un poco la tensión.
Pedimos algo de comer.
Mientras esperábamos, Daniela decidió aclarar lo que seguramente esperaba que fuera mi primera pregunta.
—Sí, soy madre soltera.
—Elena me comentó algo.
—¿También te contó por qué?
Negué con la cabeza.
Daniela acarició la espalda de Sofía.
—El padre se fue cuando yo estaba embarazada de cinco meses.