No había dramatismo en su voz.
Precisamente por eso me golpeó más.
—Dijo que no estaba preparado. Que todo había ocurrido demasiado rápido. Después dejó de llamar.
Guardó silencio unos segundos.
—Desde entonces, somos ella y yo.
—Lo siento.
—Yo también lo sentí durante mucho tiempo.
Miró a Sofía.
La niña intentaba alcanzar una servilleta.
Daniela la apartó antes de que pudiera metérsela en la boca.
—Pero después nació esta pequeña y las cosas cambiaron. No digo que sea fácil. Hay días terribles. Pero no cambiaría a Sofía por recuperar aquella relación.
La manera en que miraba a su hija hizo que algo dentro de mí se moviera.
No sabía exactamente qué.
Quizá tristeza por algo que nunca había tenido.
Quizá admiración.
Quizá envidia.
Sofía extendió una mano.
Yo tenía los dedos apoyados sobre la mesa.