Llegué a la consulta creyendo que mis náuseas eran hormonales y salí mirando 2 bebés en la ecografía, mientras mi marido de 48 años palidecía. Durante años escuché: «Nunca podrás darle un heredero a esta familia». No lloré; pedí nuestros informes médicos. Entonces el doctor encontró un dato de hacía 11 años que Alejandro me había ocultado. –

Isabel dejó de respirar durante un instante.

—¿También?

Alejandro asintió.

—Lo sé desde hace 11 años.

Ella apartó la mano cuando él intentó tocarla.

No dudaba de quién era el padre. Desde que conocía a Alejandro jamás había estado con ningún otro hombre.

Lo que dolía era otra cosa.

—Llevamos 10 meses juntos y acabas de decírmelo ahora.

—Tenía miedo de que pensaras que me casaba contigo porque compartíamos el mismo problema.

Regresaron a casa casi sin hablar.

Carmen los esperaba en el recibidor con un sobre amarillento.

—Alejandro, encontré esto buscando unos papeles.

Él palideció en cuanto vio la fecha.

Isabel abrió el sobre. Era un informe de fertilidad de hacía 11 años.

Carmen la observó durante unos segundos y dijo algo todavía peor:

—Antes de celebrar ese embarazo, hay una parte de su primer matrimonio que deberías conocer.

Y Alejandro cerró los ojos como si supiera exactamente qué iba a salir de aquel cajón del pasado.

PARTE 2

Carmen no intentó proteger a su hijo.

Contó que Alejandro había estado casado 4 años con Beatriz, una auditora valenciana. Como el embarazo nunca llegaba, ambas familias asumieron que el problema era de ella.

Carmen reconoció algo que llevaba una década avergonzándola.

Había acompañado a Beatriz a especialistas, le había comprado remedios que nadie había recetado y había convertido cada comida familiar en una conversación sobre hijos.

Alejandro lo había permitido.

—Pensaba que el problema no podía ser mío —admitió él—. Cuando Beatriz me pidió que nos hiciéramos pruebas juntos, siempre encontraba una excusa.

Ella terminó pidiendo el divorcio.

3 meses después, Alejandro acudió finalmente al médico.

El resultado fue aquel informe.

—Cuando entendí lo que habíamos hecho —continuó Carmen—, llamé a Beatriz para pedirle perdón.

Isabel miró a su marido.

De repente entendía por qué Carmen jamás la había presionado.

No era indiferencia.

Era remordimiento.

Al día siguiente, Isabel y Alejandro repitieron todas las pruebas. También recuperaron un análisis que Isabel había olvidado en casa de su madre y que demostraba que su respuesta al tratamiento había mejorado mucho antes de conocer a Alejandro.

El especialista fue claro.

Ninguno de los 2 era estéril en sentido absoluto.

Ambos tenían una fertilidad muy reducida.

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