—Me dijiste que tu exesposa dependía de ti —le reclamó.
—Yo creía que era así.
—Ese es exactamente el problema. Nunca te molestaste en conocer a la mujer con la que estabas casado.
Fernanda terminó la relación pocas semanas después.
Teresa, en cambio, comenzó a insistir.
—Ve a buscar a Mariana. Pídele perdón. Ustedes estuvieron casados tres años. Tal vez todavía te quiera.
Por primera vez Diego miró a su madre con incomodidad.
—Cuando pensabas que ganaba dieciocho mil pesos, tú misma querías echarla de la casa.
Teresa guardó silencio.
—Ahora que sabes quién es, quieres que regrese.
—Yo solo quiero lo mejor para ti.
—No. Querías una nuera con dinero. Yo fui igual que tú.
Aquella conversación fue una de las primeras veces que Diego reconoció que su problema no había comenzado con el ascenso.
El puesto simplemente le dio permiso para mostrar lo que llevaba dentro.