Mi Hijo Decía Que Su Madre En Coma Hablaba Los Sábados Y Yo Por Fin Me Quedé-silas

Fueron los veinte minutos más largos de mi vida.

Noah apoyó la cabeza sobre mi hombro.

—¿Estás enojado conmigo?

—¿Por qué?

—Por no decirte antes.

Lo abracé.

—No.

Después pensé.

—Bueno, me hubiera gustado saber.

—Mamá dijo que no.

—¿Le preguntaste si podías contarme?

—Sí.

—¿Y apretó dos veces?

—Sí.

Eso me dolió.

Mi esposa consciente lo suficiente para comunicarse con nuestro hijo.

Y no quería que él me lo dijera.

—¿Por qué?

Noah se encogió de hombros.

—No sé.

Me atreví.

—¿Le preguntaste?

—Sí.

—¿Qué dijo?

—No sabía cómo preguntarlo.

Claro.

Un código de sí o no tenía límites.

—¿Le preguntaste si estaba enojada conmigo?

Noah miró hacia Emma.

Después a mí.

—Sí.

Sentí que se me cerró el pecho.

—¿Y?

—Una vez.

Sí.

El dolor fue casi físico.

Noah agregó rápido:

—Pero también le pregunté si te quería.

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