Regresé por mi pasaporte y escuché a mi madre gritar: “¡no me pegues más!” Mi prometida perfecta, el ángel con el que iba a casarme, la tenía tirada en la cocina con el bastón roto. Cuando abrí su carpeta blanca entendí que quería matarla para quedarse con todo.

Alcancé a leer la primera línea en la pantalla bloqueada y sentí que el piso se me abría bajo los pies…

Desbloqueé el teléfono con los dedos temblando. El mensaje decía:

“Sr. Robles, no se suba a ese avión. Soy el Lic. Fuentes, de Seguros Atlas. Su prometida Valeria Montemayor no solo quería encerrar a su madre en un asilo… ayer cambió al beneficiario de su póliza de vida de 15 millones de pesos. Ahora es ella. Y también cambió la póliza de su mamá. Tiene que ver esto urgente. Le mandé los videos a su correo”.

Sentí que me iba a desmayar. Volteé a ver a Valeria. Ya no estaba pálida, estaba verde. De terror.

—Tú… tú cambiaste mis pólizas —le dije.

—No… yo… eso es mentira, es un chantaje de…

No la dejé terminar. Abrí mi correo en el celular. Ahí estaba el link de la nube de la cámara. Le di play al último video, el de hoy. Y luego al de ayer. Y al de antier.

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