Salí de prisión después de 5 años y mi yerno me esperaba junto a su coche de lujo, dejando caer billetes delante de mí como si yo no valiera nada. «Toma 100.000 euros y desaparece.» No recogí ni uno: fui directamente a buscar una vieja caja que había ocultado antes de mi condena. Dentro encontré la escritura del terreno sobre el que había levantado su imperio.

Los meses posteriores fueron lentos.

Hubo peritajes, declaraciones, auditorías y revisiones documentales.

Las investigaciones detectaron operaciones entre empresas vinculadas a Álvaro, inconsistencias contables y documentación cuya autenticidad debía ser determinada.

Varios antiguos empleados decidieron colaborar.

2 personas que habían declarado contra Mateo reconocieron que habían recibido beneficios económicos indirectos a través de sociedades relacionadas con terceros próximos a Álvaro.

La revisión del caso avanzó.

Finalmente, la condena de Mateo fue anulada al considerarse que las nuevas pruebas alteraban de forma esencial la base sobre la que había sido condenado.

El día que recibió la resolución definitiva no fue a la empresa.

Fue al cementerio de La Almudena.

Se sentó frente a la lápida de Elena y dejó una copia doblada junto a unas flores.

—Tardé 5 años —susurró—, pero nuestro apellido vuelve a estar limpio.

Se permitió llorar allí.

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