Valeria dio un paso hacia él.
—Yo firmé porque confiaba en ti.
—Firmaste porque querías ser importante.
La frase lo traicionó. El capitán levantó la cabeza. Tomás miró a los marineros. Hasta el guardia de la cicatriz comprendió que Mauricio no estaba protegiendo una empresa, sino su propio botín.
Desde el exterior llegó el sonido de una sirena.
Mauricio retrocedió hasta la consola y tiró de una palanca. El motor auxiliar rugió. El yate se inclinó y Valeria cayó contra una mesa.
Yo agarré a Mauricio por la muñeca. La pistola salió disparada y resbaló bajo los controles.
—¡Atrás! —gritó él.
Tomás cortó el interruptor principal. El puente quedó a oscuras, salvo por la luz roja de emergencia.
Fernanda se agachó, recogió la carpeta sellada y rompió la cera con la llave.
Su rostro cambió al leer el primer documento.
—Rafael… esta transferencia no está fechada hoy.