Siguió exactamente las indicaciones del operador sin intentar administrarle nada por su cuenta.
Valeria se aferró a su brazo.
—Por favor, ayúdala.
—Ya vienen a ayudarla.
—Mi mamá es todo lo que tengo.
Alejandro miró a la niña.
Había negociado contratos enormes sin ponerse nervioso.
Había despedido ejecutivos, enfrentado crisis empresariales y tomado decisiones que afectaban a cientos de personas.
Pero nunca había sentido una responsabilidad tan grande como la que sintió en aquel momento.
Tomó la mano de Valeria.
—No vas a estar sola.
La niña comenzó a llorar otra vez.
Alejandro la abrazó.
—Van a ayudar a tu mamá. Y yo me quedaré contigo hasta que sepamos que está bien.
No sabía por qué había hecho aquella promesa.
Solo sabía que debía cumplirla.
La ambulancia llegó pocos minutos después.
Los paramédicos atendieron rápidamente a la mujer mientras Alejandro permanecía con Valeria.