—Yo no fui.
Alejandro añadió verduras.
Después pan.
Mariana cruzó los brazos.
—Señor…
—Alejandro.
—Alejandro, ya es suficiente.
Él la miró.
—Tiene razón.
Dejó de añadir cosas.
Entonces Valeria puso una pequeña caja de galletas junto a la compra.
—Para ella —dijo señalando a Sofía.
Sofía abrió mucho los ojos.
—¿Para mí?
Valeria asintió.
—Pero las compartimos.
Por primera vez en aquella tarde, Mariana soltó una pequeña risa.
La cajera pasó los productos.
Cuando Mariana vio el total, sintió de nuevo la vergüenza.
Alejandro pagó sin hacer comentarios.
No tomó fotografías.
No pidió nombres para publicarlos en ninguna parte.
No hizo ninguna demostración.
Simplemente pagó.
Fuera de la caja, Mariana colocó las bolsas en el carrito.
—No sé cómo agradecerles esto.
—No tiene que hacerlo —respondió Alejandro.
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. —Sí tengo.