Va a la secundaria, le encanta dibujar y sigue haciendo figuras de papel para regalarlas a personas que, según ella, “necesitan sonreír un poquito”.
Todavía conserva aquel oso viejo.
Ahora está más gastado y le falta un poco de relleno en una pata.
Mariana terminó una especialización en enfermería y trabaja con pacientes infantiles.
Dice que después de todo lo que vivió quiere acompañar a otras familias que pasan por momentos difíciles.
Durante años intentó devolverme el dinero.
Cada cierto tiempo aparecía con un sobre.
—Ernesto, por favor.
—No.
—Solo una parte.
—No.
Finalmente acepté que me hiciera pequeños depósitos.
Pero nunca gasté ese dinero.
Lo puse aparte.
Cuando Sofía cumplió once años, le entregué todo lo que su madre había devuelto, junto con lo que había generado esa cuenta.
—Para tus estudios.