Tendría responsabilidades.
Horario.
Objetivos.
Un sueldo.
No quería contratarla por lástima, sino comprobar si realmente tenía las capacidades que describía.
También podía facilitar durante un periodo limitado un lugar seguro donde ella y Mariana pudieran vivir mientras recuperaban estabilidad.
Y yo cubriría los estudios de Mariana.
Elena me miró como si estuviera esperando descubrir alguna condición escondida.
—¿Por qué?
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. —Porque hoy vi algo que no había visto en mucho tiempo.
Señalé discretamente hacia las niñas.
Sofía y Mariana estaban sentadas juntas revisando el mismo cuaderno.
—Mi hija tiene muchas ventajas —dije—. Pero últimamente estaba empezando a creer que esas ventajas la hacían mejor que los demás.
Elena escuchó sin interrumpir.
—Su hija no tiene esas ventajas. Sin embargo, cuando Sofía necesitó ayuda, Mariana no se burló de ella. No la hizo sentir inferior. Simplemente se sentó junto a una reja y le enseñó con paciencia.